Día 1 de mi diario de la STDM 2026. Llegada al desierto
- Félix Jordán de Urríes Mur

- hace 3 días
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Actualizado: hace 15 horas

Boulmane Dadès. 25 de abril de 2026. Hay llegadas que no son solo un punto en el mapa, sino un cambio de estado. La llegada a la Titan es una de ellas.
El día ha comenzado en Madrid a las 3:30 de la madrugada, cuando la ciudad aún duerme y el cuerpo se mueve casi por inercia. A esa hora, todo parece suspendido en un limbo extraño, ni noche del todo, ni día todavía, la M30 vacía, silencio absoluto... Tal vez por eso el viaje hasta aquí ha tenido algo de transición, como si poco a poco fuéramos dejando atrás una vida para entrar en otra, aunque solo sea por unos días.
El vuelo nos ha regalado una primera imagen difícil de olvidar, el Estrecho de Gibraltar, esa fina línea de agua que separa continentes y culturas, pero que también los conecta. Cruzarlo en silencio, desde el aire, tiene algo simbólico y mágico. Después han aparecido las cumbres nevadas del Atlas, majestuosas, imponentes, recordándonos que aquí la naturaleza no se insinúa, se impone. Y finalmente, el aterrizaje en Ouarzazate, puerta de entrada a un paisaje radicalmente distinto para mi, seco, duro y fascinante.
Nos espera un chófer en el aeropuerto que me ha preparado el equipo. El transfer hasta Boulmane Dades, por estas tierras áridas pero fértiles, termina de completar la sensación de estar casi en otro planeta. Las tierras áridas, las montañas quebradas, las gargantas profundas del Dades se suceden sin esfuerzo, como si el paisaje no necesitara justificar su belleza. Marruecos se muestra aquí en estado puro. Crudo, auténtico, inmenso. El tipo de escenario que no admite medias tintas. El escenario perfecto para una aventura de esta magnitud.

La llegada al campamento confirma lo que ya intuíamos, este evento se construye en grande, pero se sostiene en los detalles y en lo artesanal y cariño de la organización y la población local. El montaje es espectacular. El enclave, sencillamente increíble. Las instalaciones están a un nivel altísimo y todo funciona con una precisión que solo se consigue con experiencia, pasión y mucho trabajo invisible. Hay algo hipnótico en ver cómo un lugar aparentemente vacío se transforma en cuestión de horas en una pequeña ciudad efímera llena de apasionados de la bicicleta.
Y luego está la gente. La acogida cercana, sincera, natural. Sonrisas que no se fuerzan, miradas que transmiten calma y cotidianedad. Aquí uno se siente bien recibido desde el primer momento, y eso, cuando llegas cansado y con la cabeza todavía en el viaje, marca la diferencia.
En el campamento ya conviven 500 titanes y titanas, cada uno con su historia, su preparación y sus propios miedos. Se acreditan, se acomodan, revisan bicicletas, ajustan cascos, recorren con la vista un entorno que mañana será terreno de juego… y de batalla. Se respira nervio. Sobre todo en los debutantes. Ese nervio sano, casi infantil, de quien sabe que está a punto de enfrentarse a algo grande sin tener del todo claro cómo va a responder su cuerpo… o su cabeza.

Para mí, esta también es mi primera Titan. Llego como Director Comercial y de Asuntos Públicos de la compañía, con la responsabilidad profesional muy presente desde el primer minuto. Hay mucho que atender, muchos detalles que anticipar, muchas piezas que encajar para que todo funcione como debe. Pero, casi sin darme cuenta, aparecen sensaciones que no esperaba reencontrar. Sensaciones del pasado. De etapas anteriores de mi vida profesional. De cuando los retos todavía tenían ese punto de vértigo que hoy, por suerte, vuelve a asomarse.
La Titan despierta algo especial. Incluso antes de que empiece la carrera. Por delante esperan días intensos. Días de mucho trabajo, de toma de decisiones constante, de coordinación, de conversaciones rápidas que a veces valen más que reuniones formales. Días de vivir el evento desde dentro, de comprender su complejidad real y también su enorme valor. Pero también días de trabajo en equipo, de compartir, de descubrir personas, pueblos, paisajes, montañas… y, en esta ocasión, desiertos. También de días de reflexión, de pensar en los que hemos dejado al otro lado por unos días, de las personas que queremos y que nos hacen sentir hogar.

Hoy no ha habido dorsal en la salida ni kilómetros cronometrados.Hoy ha sido un día de llegada, de observación, de sentir el pulso del evento por primera vez. Y aun así, la Titan ya ha empezado a dejar huella. Porque algunas aventuras comienzan mucho antes del primer kilómetro de carrera.



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