Día 5 de mi diario de la STDM 2026. Cuando el cansancio aparece
- Félix Jordán de Urríes Mur

- hace 18 horas
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Merzuoga, 29 de abril de 2026. La Titan alcanza hoy uno de esos puntos que no se miden en kilómetros, sino en sensaciones. El ecuador de la prueba siempre es un lugar mental y punto de inflexión de la curva. Para los corredores, pero también para quienes trabajamos alrededor. Es el momento en el que el cansancio empieza a notarse de verdad, pero donde, curiosamente, también aparece una energía distinta. Más silenciosa. Más resistente.
Hoy la jornada ha sido diferente a las anteriores. No he vivido la etapa siguiendo la carrera sobre el terreno, sino desde el ordenador y con otras tareas. Desde bien temprano he estado trabajando desde la sala de prensa, centrado en la preparación de la llegada de patrocinadores e instituciones que participan en el programa de VIP Experience que hemos diseñado para que conozcan de primera mano la Škoda Titan Desert Marruecos. Para que la vivan desde dentro. Para que entiendan su magnitud, su complejidad, su producción y su alcance real.

Este tipo de activaciones son fundamentales. Porque hay cosas que no se pueden explicar solo con palabras o presentaciones. Hay que verlas, sentirlas, compartirlas en el propio territorio. Solo así el relato posterior cambia. Solo así el apoyo institucional y el patrocinio dejan de ser una negociación fría para convertirse en una experiencia con sentido. Hoy más que nunca, el patrocinio se traduce en acciones vivenciales, en propuestas que apelan al corazón y al alma.
Durante toda la mañana he estado recopilando información: documentos, excels, correos, detalles logísticos. Ordenar, estructurar, anticipar. Intentar minimizar al máximo la improvisación y los errores. En eventos de esta magnitud siempre ocurren imprevistos, pero el trabajo previo —como en la vida— reduce riesgos. No solo en lo profesional, también en lo personal, en lo emocional, en lo sentimental, aunque también las sorpresas y lo inesperado es una chispa que hace impulsar todo.
Mientras tanto, el resto del equipo seguía haciendo seguimiento de carrera junto a patrocinadores y dirección. En cuanto regresen, continuarán apoyando a otras áreas. Nuestro trabajo muchas veces ocurre antes de que empiece el evento, pero cuando estás dentro de la producción real, hay que ponerse las botas de agua —aunque estemos en el desierto— y estar disponible para cualquier cosa que haya que hacer o solucionar. Aquí nadie trabaja en compartimentos estancos.

En lo deportivo, la jornada ha sido de enorme exigencia. 118 kilómetros, con mucho calor, desde Sidi Ali, territorio fronterizo con Argelia, históricamente tierra de contrabandistas. Un entorno que, salvando las distancias, me recuerda a mi Pirineo natal y su relación histórica con Francia y los pasos de los puertos de montaña. Poco a poco han empezado a aparecer las primeras dunas, señal inequívoca de que entramos ya en el territorio de Erg Chebbi, en pleno desierto del Sáhara.
Ha sido una gran etapa. Luis León Sánchez lo ha intentado, buscando tan
to la victoria como el asalto al liderato, pero no ha podido. El líder, Luis Ángel Maté, ha estado sólido en todo momento, incluso cuando el corredor de Mula ha probado suerte. Finalmente, la victoria se ha decidido al sprint, con Noel Martín imponiéndose en meta.

En lo personal, los días van pasando rápido. Demasiado rápido. Y mientras el cansancio se acumula, crece también la sensación de estar exactamente donde debo estar. Me alegra estar aquí. Me está ayudando a desconectar del ruido cotidiano, aunque no esté realmente desconectado. A echar de menos. A valorar. Y, sobre todo, a conocer personas, lugares y momentos que sé que no se olvidan con facilidad.
Este punto de la Titan es así. Duro. Exigente. Sincero. Aquí no se puede fingir. Ni en la carrera ni en la vida.



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